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La vuelta al fútbol: Ricardo Gareca o Gregorio Pérez, a quién le damos la razón?

Fútbol

Echando un ojo a las declaraciones de los voceros gubernamentales, todo indica que el fútbol nacional está cercano al retorno. Hay, tras ello, dos lecturas paralelas del hecho a través de un par de entrenadores extranjeros muy queridos y respetados en el medio. Uno nos ve ‘listos’ para reanudar. El otro, no tanto.

Ricardo Gareca presiona para volver cuanto antes. Apela a su proverbial confianza en el peruano de a pie, en ese peatón sin credenciales ni linajes con alma de ‘Rambo’, que guarda gran similitud al puñado de jugadores que nos llevó a nosotros, y también a él, a un mundial cuando menos lo esperábamos.

Nuestro seleccionador asegura que el fútbol inyecta optimismo en la gente, y se pregunta por qué tenemos que esperar a ver lo que hace el resto del mundo, que volvamos ya, de una vez. Porque los peruanos somos luchadores, pujantes, indómitos, capaces de cosas increíbles como tal vez andar amontonados o no lavarnos las manos por escasez de agua, y no contagiarnos. Nos tiene fe, ya quisiéramos mirarnos como él nos ve.

Gregorio Pérez, en cambio, se pregunta si estamos locos para pretender reanudar el fútbol como si la pandemia solo la conociéramos por tv. Que nuestras canchas están destruidas, las sedes de concentración igual. Que los jugadores no son de goma y sienten temor. Se nota que ve por cable nuestros noticieros, las cifras, a los ‘reporteros pacman’ comiéndose a los transeúntes a gritos: «Malditos!» «Irresponsables!» «Por qué salen!» «Policía!» Y claro, se preguntará: «Con esa gente de Perú, a mi edad, Dios mío ampárame, en quién confío?»

Las dos lecturas son válidas pese al antagonismo que las encara. Pero son opiniones sesgadas, que miran a nuestro medio ‘según como a ellos les va en la feria’.

Gareca está pensando en que sin fútbol de clubes, no hay selección. Sin selección, no hay trabajo, y sin trabajo no hay razón de ser, de estar, de no ver a su familia que vive en Argentina. El vive en Perú por un tema puntual que hoy no existe: seleccionar jugadores. Hay entonces que crear la necesidad y si no se puede, pues entonces partir.

Pérez también vela por lo suyo. Cuenta con 72 años y despistado no es. Tiene claro que es miembro de la denominada ‘población vulnerable’. En diversas declaraciones previas había manifestado su sueño de regresar cuanto antes a la ‘U’, y parecía tener ansiedad en vez de pies. Claro, no imaginaba que su ‘deseo’ se haría realidad mucho antes de lo previsto. Nos subestimó, no se dio cuenta que aquí lo imprevisible puede pasar. De pronto le dijeron: «Ya pues, ven, te esperamos». Es así como ahora, en vez de la ilusión, su instinto de conservación habla por él.

Para Ricardo, hay que regresar ‘ya’, porque es cosa de creer que se puede, hay que reactivar el país y al fútbol junto a él. Para Gregorio, en cambio, debemos volver en otro momento, cuando el peligro, para él sobre todo, no resulte tan inminente.

Para uno el mensaje es: «Apurate boludo!», para el otro es un «Aguante, Perú!». Pero lo real es que el argentino tiene hoy mayor poder de influencia en la sociedad y en las altas esferas del poder. A Gareca aquí ‘solo le falta hacer llover’.

Entonces el fútbol, su vuelta, parecen estar más cerca que lejos. El gran Gregorio Pérez, no sé si tanto.

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